Si bien la Inteligencia Artificial (IA) va a tener un papel importante en la transformación de las finanzas personales y la industria financiera en general, hay aspectos en los que sus limitaciones se hacen evidentes. La gestión activa, la comprensión de las emociones humanas y la adaptabilidad a las circunstancias personales de cada inversor siguen siendo circunstancias que la IA no puede abordar.
Como resultado, la participación de los profesionales financieros continuará siendo crucial para brindar asesoramiento personalizado y tomar decisiones informadas en el ámbito de las finanzas personales. De hecho, haz la prueba y pregunta a Chat GPT porque su respuesta es siempre: “Es recomendable que busques el asesoramiento de un profesional financiero o un asesor de inversiones para que adapte todas las opciones de inversión a tu situación personal”.
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Vivimos en un época en la que percibimos que la Inteligencia Artificial (IA) lo cambiará todo. Desde una perspectiva holística, nos enfrentamos a una gran disrupción tecnológica, posiblemente mayor que el cambio que supuso Internet. Esta disrupción no deja indiferente a nadie, ya que todos, para bien o para mal, estamos inmersos en esta revolución.
De hecho, en Europa ya se están realizando esfuerzos para regular la IA y es probable que nos convirtamos en la primera región del mundo en establecer límites para su alcance. Sin embargo, tal vez se esté sobrevalorando y mitificando demasiado este alcance. Y es que los límites de la IA los marca precisamente la ausencia de contrapesos que la permiten alcanzar el equilibrio entre lo empírico y lo emocional, y esto se evidencia especialmente en la industria financiera.
Desde el punto de vista de la gestión, la controversia continuará siendo la misma que hasta el momento en cuanto a la capacidad de la gestión activa para batir a los mercados. El manejo de los tiempos y la asignación de activos seguirán representando un desafío tremendo, y solo el tiempo será juez imparcial.
“Los mercados se basan en expectativas y emociones, no solo en algoritmos”
Nada que objetar en utilizar la IA para modelar estrategias de gestión basadas datos históricos: la IA gana por goleada en este aspecto. Sin embargo, nada garantiza que estos resultados sean consistentes en el futuro, batiendo a los mercados. Los mercados se basan en expectativas y emociones, y la capacidad predictiva de la IA, soportada únicamente sobre su naturaleza algorítmica, continuará teniendo dificultades para adaptarse a situaciones nuevas, inesperadas o complejas, viendo limitada su capacidad de ofrecer soluciones que siempre deben ser flexibles y adaptadas a las necesidades cambiantes de los clientes.
En cuanto al asesoramiento, es probable que la influencia de la IA se limite a recitar de carrerilla los algoritmos que cualquier profesional financiero que se precie utiliza en su gestión. De hecho, si preguntamos a Chat GPT dónde invertir 100.000€, nos va a decir que es recomendable buscar el asesoramiento de un profesional financiero o un asesor de inversiones para adoptar las opciones de inversión a nuestra situación personal y recibir recomendaciones específicas.
Porque, para empezar, la IA es incapaz de perfilar adecuadamente a los individuos. Si bien el punto de partida es sencillo y cualquier test de conveniencia e idoneidad es válido, es fundamental calibrar este perfil a lo largo del tiempo, y la IA no destaca precisamente por su capacidad de empatía y de escucha consciente en este aspecto.
“La IA carece de conciencia ética, tiene en cuenta únicamente datos numéricos”
Puedo imaginar las preguntas de un inversor preocupado en 2008 y 2009, cuando el mercado acumulaba caídas del 50%, y las respuestas frías de la IA prediciendo el resultado negativo de la interacción.
En una situación opuesta, en un mercado rebosante de euforia y complacencia, un inversor podría asumir más riesgo del que le corresponde a su verdadero perfil, desoyendo la respuesta artificial que no es capaz de controlar las emociones del inversor. Me temo que la flexibilidad para adaptar estrategias a cambios de índole personal en la situación de cada inversor, no será un área en la que la IA brille. Igual que en muchas otras.
Estamos en los inicios de esta tecnología y todavía queda mucho camino por recorrer. De momento Chat GPT no puede ofrecer asesoramiento personalizado en materia de inversión y sus respuestas genéricas se basan en una amplia base de datos que en algunos casos pueden no ser precisas.
Sin duda los beneficios en forma de productividad serán una realidad más temprano que tarde. Y en algunos casos, este incremento marginal de productividad está al alcance ya de los profesionales del sector, especialmente en tareas administrativas y de cálculo.
Sin embargo, las verdaderas mejoras están por llegar y temo que no van en la dirigirse en la dirección que cualquier inversor pueda esperar en términos de aumentos significativos de rentabilidad ajustada a riesgo. Al igual que el VAR en el fútbol y sus polémicas arbitrales, la eterna discusión entre gestión activa y pasiva (por mencionar un ejemplo), tampoco será resuelta por la IA.


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